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Psicologia – Psiquiatria

 

¿Es lo mismo trastorno afectivo estacional y depresión de invierno?

Han pasado 30 años desde que el término trastorno afectivo estacional (TAE) se utilizó por primera vez para describir la tristeza de invierno. Pero hay quienes piensa que es un término que se utiliza muy a la ligera.

En 1984 el psiquiatra Norman Rosenthal utilizó por primera vez un término que cambió la forma en la que la gente pensaba acerca del invierno.

El trastorno afectivo estacional describe un tipo de depresión con un patrón estacional, que por lo general ocurre durante el invierno.

Se cree que la falta de luz afecta la parte del cerebro que controla el sueño, el apetito, el deseo sexual, el estado de ánimo y de actividad. Los pacientes experimentan letargo y un ansia de alimentos azucarados.

Rosenthal también incluyó el término en un artículo que escribió luego de trasladarse desde el cálido clima de Johannesburgo en Sudáfrica al noreste de EE.UU. donde los inviernos son más severos.

“Me tomó cerca de tres años de observar cómo los inviernos se alternaban con los veranos”, dijo Rosenthal, que da clases en la Universidad de Georgetown en Washington. “Se daba por hecho que la gente se ponía de mal humor en invierno, que no estaba tan feliz”.

Pero el trabajo de Rosenthal y otros especialistas estableció que para algunas personas era más que eso.

La idea de que muchos son menos felices en invierno oscurece el hecho de que para un grupo de personas más pequeño está sucediendo algo más serio.

“Se convierte en una condición médica cuando tiene consecuencias en la vida de las personas, como no poder ir a trabajar, o cuando afecta su calidad de vida”, dice Rosenthal.

El TAE ha sido aceptado como condición médica por muchos. En muchos países se ofrecen consejos, y también ha ganado terreno significativo en la cultura popular.

En Reino Unido el término fue utilizado por primera vez por el Times en 1988, en un artículo que destacaba una relación entre los trabajadores del turno de la tarde y la falta de luz.

Desde entonces, se ha filtrado poco a poco en el lenguaje común. Según Google Trends el término es mucho más comúnmente buscado en Canadá y Estados Unidos.

Rosenthal admite que el acrónimo -que sugiere el tipo de sentimientos que experimentan los enfermos- fue elegido para lograr el máximo impacto en los medios de comunicación. Y parece que funcionó.

Sarah Jarvis, médica británica, se dio cuenta hace una década de un aumento en las personas que llegan a su consulta citando depresión de invierno. Pero muchas resultaron tener “tristeza de invierno”, dice ella.

“Es muy difícil, porque la tristeza de invierno es algo muy común. La mayoría de nosotros encontramos que en esta estación nuestro estado de ánimo se ve afectado”.

Es similar a la forma en que las personas etiquetan mal otras condiciones, adoptando un término que han oído con anterioridad, dice Jarvis. Para padecer de TAE un paciente debe haber sufrido depresión durante dos años consecutivos, explica.

La tristeza de invierno a menudo implica una falta de sueño mientras que el trastorno afectivo estacional significa que las personas están permanentemente cansadas y pasan más tiempo en la cama.

Jarvis estima que entre el 3% y el 5% de la población de Reino Unido sufre de este trastorno mientras que una de cada ocho personas (12,5%) experimenta “tristeza de invierno”, un cambio mucho menos definido en el estado de ánimo.

Rosenthal sugiere que el 6% de las personas en Estados Unidos sufre de la forma más aguda del TAE y que otro 14% tiene nostalgia de invierno.

Un estudio encontró que la forma más severa afectó al 1,5% de la población en el sur del estado de Florida, con un promedio de siete horas de sol al día, incluso en invierno, llegando a casi el 10% en el norte del estado de New Hampshire, que obtiene sólo cuatro horas diarias en noviembre y diciembre.

Jenny Scott-Thompson ha sido diagnosticada con trastorno afectivo estacional. Cada año, entre septiembre y abril sufre impulsos suicidas.

Después de conseguir licenciarse en matemáticas en la Universidad de Cambridge y conseguir un trabajo en el centro financiero de Londres, el trastorno le afectó demasiado.

“Luché con períodos de agotamiento y la pena en que vivía parecía desproporcionada con lo que estaba pasando en mi vida”, dice ella. Scott-Thompson buscó ayuda y se le diagnosticó depresión de invierno.

El médico le recomendó pasar periodos junto a una caja de luz especial y trasladarse a otro lugar más soleado en invierno. De repente, su vida tomó un cariz diferente.

“Fue increíblemente eficaz. Ese año (2009-10) fue la primera vez en seis años que llegué desde finales de septiembre hasta abril sin tener sentimientos suicidas. Me di cuenta que no todo el mundo está acostumbrado a pasar la mitad del año odiando y queriendo morir”.

Rosenthal aboga por el uso de la luz eléctrica, entre otros métodos, para compensar los efectos del trastorno.

La terapia de luz es algo que ya se hacía en la antigüedad. El médico griego Hipócrates abogaba propiedades curativas a la exposición al sol. A partir de finales de 1800 la helioterapia o fototerapia, se hizo popular.

Algunos niños enfermos de tuberculosis en barrios marginales, donde había poca luz solar disponible, fueron llevados a refugios donde pudieran pasar tanto tiempo al aire libre como fuera posible.

Los tratamientos de luz se han utilizado para otras dolencias. En 1903, Niels Ryberg Finsen fue galardonado con el Premio Nobel por inventar una lámpara ultravioleta para la tuberculosis cutánea.

Rosenthal dice que los médicos no están haciendo a los pacientes las preguntas correctas, como, por ejemplo, si los síntomas que describen son de temporada o los sienten todo el año.

Pero no todos los científicos creen que el TAE es una condición distinta a la nostalgia de invierno. En 2008 el psiquiatra noruego Vidje Hansen, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Tromso arrojó dudas.

“Si va a encontrar personas con TAE, sería aquí en Noruega, donde no tenemos sol durante dos meses del año”, dijo.

En cambio no hubo correlación entre la depresión y la cantidad de luz después de un análisis de 8.000 personas en Tromso, escribió.

El punto de vista de Hansen, aparentemente, no es compartido en toda Escandinavia, donde en gran parte del país casi no hay luz del sol en invierno.

En la norteña ciudad sueca de Umea, una empresa de energía ha instalado lámparas de fototerapia en las paradas de autobuses para ayudar a los residentes a hacer frente a la oscuridad del invierno.

Mientras, la ciudad noruega de Rjukan, rodeada de montañas, ha erigido espejos gigantes para redirigir la luz solar en la plaza principal.

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El narcisismo en los tiempos de las redes sociales

Popularidad de Instagram y Facebook evidencia que el culto al amor propio está fuera de control.

eltiempo.com.-MURIEL ALARCÓN L.

“Si en la mitología griega Narciso se enamoró de su reflejo, en la modernidad se enamora de los comentarios de sus seguidores en Instagram, dejándose morir mientras los cuenta compulsivamente”.

Con esa metáfora, publicada por el ‘New York Times’, el presidente del American Enterprise Institute, Arthur C. Brooks, retrató lo que especialistas en cibersicología han advertido: el culto al amor propio está fuera de control. Brooks se basó en una investigación publicada en el ‘Journal Social Psychological and Personality Science’, realizada en el 2010 por Jean M. Twenge y W. Keith Campbell, que confirmó que el porcentaje de universitarios con rasgos narcisistas se incrementó tan rápido como la obesidad desde 1980.

“Varios factores pueden haber provocado este aumento de narcisismo –dice, desde la Universidad de Georgia, Keith Campbell–. Estos incluyen el impulso de la autoestima en la educación, el crecimiento de la deuda que se inició en los 80 y la democratización de los medios, primero con la telerrealidad y luego con las redes sociales. Ya sea consiguiendo trofeos en la escuela, comprando casas a crédito u obteniendo la atención en los medios, los ciudadanos comunes han sido capaces de sentirse mejor consigo mismos”.

Campbell piensa que hoy hay muchas más formas de promover nuestro yo que antes. “Un buen ejemplo son las selfis –anota–, muy populares entre los narcisistas, que las usan para llamar la atención. Este fenómeno ha ido tan lejos que los ‘selfie sticks’ (palos para tomar selfis) han sido prohibidos en muchos sitios porque la gente se mata por hacerse fotos extremas”.

Según los expertos, el narcisismo consiste en sentirse merecedor de reconocimiento. Algunos psicólogos lo definen como una autoestima exagerada. “La autoestima es sentirse tan bueno como los demás, mientras que el narcisismo es sentirse superior a los demás”, resume Brad J. Bushman, profesor de Psicología y Tecnología en The Ohio State University.

El problema se hace evidente cuando el sentimiento de superioridad conduce a relaciones fallidas, falta de entendimiento y conductas agresivas. “El narcisismo está vinculado a la violencia. Hay pruebas que relacionan el narcisismo con una menor honestidad y una agresividad elevada”, asegura Bushman.

Los expertos coinciden en que las redes, más que ocasionar o acelerar la aparición de rasgos narcisistas, son usadas por los narcisistas como una plataforma para transmitir sus pensamientos. “Nuestras investigaciones sugieren que cualquier mecanismo que ayude a conseguir atención en las redes será explotado por los narcisistas”, cuenta Christopher Carpenter, profesor de Comunicaciones en Western Illinois University, cuyos estudios han confirmado que los narcisistas tienen más contactos, pasan más tiempo y actualizan más su estado, sus contenidos y sus imágenes de perfil. “Estas personas buscan apoyo para sus problemas, pero son menos propensos a ayudar a otros –añade–. También buscan ampliar su audiencia mediante la adquisición de tantos ‘amigos’ como puedan”.

Compararse y medirse

Las redes facilitan la comparación social. Lo confirman trabajos como el de Dilney Gonçalves, profesor de ‘marketing’ de la Escuela de Negocios de IE University, en Madrid. Él comprobó que gran parte de las personas juzgaban su éxito comparándolo con el de los demás.

“Hoy, la manera de saber lo bueno que eres es comparándote con similares a ti. Si estos paralelos resultan positivos, aumenta la autoestima –afirma Gonçalves–. En ese sentido, los jóvenes son mucho más influenciables, ya que no tienen suficiente experiencia para juzgar su vida. Los adultos necesitan menos estas comparaciones. En las redes se crea una competencia, porque las personas observan lo que otros publican, como fotos de cenas, viajes, compras, y eso los hace desear verse mejor”. Plataformas como Facebook brindan una visión limitada de la vida de los amigos, sus vacaciones, su pareja o su trabajo, al mostrar sólo su mejor cara, señala Gonçalves. No hay huella de un viaje aburrido ni de un mal día con la familia. Él mismo, en su investigación con Mudra Mukesh, de la Universidad de Greenwich, confirmó que cuando un usuario aumenta su número de amigos en Facebook también incrementa su necesidad de aprobación.

“Al pensar que los demás tienen una gran vida, vives con una permanente inseguridad sobre la tuya”, explica. Similares fueron las conclusiones de una investigación del psicólogo Alex Jordan, profesor en la Escuela de Negocios Tuck, en Dartmouth College, quien confirmó que, gracias a Facebook, las personas creen que sus pares viven más felices de lo que son.

Según Jordan, narcisistas y no narcisistas tienden a retratar sus vidas en las redes de manera muy positiva. “Cuando nos comparamos con otros en redes sociales, podemos pensar que nuestra propia vida no es tan interesante, que no hemos conseguido lo suficiente o que no somos lo suficientemente hermosos. A causa de esto, podemos sentir más presión para anunciar una versión online más pulida de nosotros mismos y así recibir consuelo”, advierte. Así, las redes crean un círculo vicioso que promueve la inseguridad y, con ello, el aumento del narcisismo, cree Jordan.

A los expertos no les cuesta distinguir a los narcisistas en las redes: “Son los que más postean ‘yo, yo, yo’ y están enamorados de sus reflexiones –dice Larry Rosen, de la U. Estatal de California, estudioso del impacto de la tecnología en las personas–. Es cosa de fijarse cuando se está ante un mayor uso de la palabra ‘yo’ y un menor uso de ‘nosotros’. A menudo se muestran solos, a menos que el otro sea famoso o alguien que mejore el propio sentimiento de grandiosidad. Y hacen referencias a sí mismos en cualquier comentario.

“La autoestima saludable no se deriva de la atención externa, como sí ocurre con los narcisistas”, concluye Christopher Carpenter.

‘Salirse de ellas no es la solución’

La particularidad de las redes sociales de darles a los usuarios la oportunidad de establecer enlaces estrechos, incluso con desconocidos, ha llamado la atención de Elliot Panek, de la Universidad de Alabama. “Todo depende de si (el usuario) ve (a sus seguidores) como amigos o como audiencia. Las redes ofrecen una promesa de validación, aunque nuestra investigación sugiere que los narcisistas no siempre la reciben”, comenta. Pero no todo es narcisismo en las redes sociales. Panek recuerda que estos espacios permiten dar y recibir apoyo en tiempos de necesidad e intercambiar mensajes que fortalecen los lazos. “Las preguntas importantes que investigadores y usuarios deberían hacerse tienen que ver con la forma y el tiempo que se destina a las redes sociales”, plantea.

Según él, las redes sociales se están usando de forma automática, con un conocimiento limitado del propio comportamiento, provocado por la inmediatez que exige su uso: “Muchas personas se sorprenderían al saber cuánto tiempo al día pasan en las redes sociales. Pero no creo aconsejable salirse totalmente de las redes sociales. No es un enfoque viable en nuestra época, cuando gran parte de la vida social sucede en línea. Si uno encuentra que las está usando más de la cuenta, es prudente limitar su uso”.
 

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Un estudio vincula el abuso y la negligencia infantiles con un inicio más temprano del trastorno bipolar

Los investigadores también hallaron un mayor riesgo de suicidio y unos síntomas maníacos y depresivos más graves

healthfinder.gov

Un estudio vincula el abuso y la negligencia infantiles con un inicio más temprano del trastorno bipolar

JUEVES, 11 de febrero de 2016 (HealthDay News) — Las personas con un trastorno bipolar que tienen antecedentes de haber sufrido abusos o negligencia en la niñez podrían tener unos síntomas más graves y un riesgo más alto de suicidio, sugiere una investigación reciente.

“Nuestros hallazgos tienen implicaciones importantes para la práctica clínica, ya que sugieren que los antecedentes de maltrato infantil podrían usarse como un indicador temprano de un riesgo alto de malos resultados en los individuos con trastorno bipolar”, comentó la autora del estudio, Jessica Agnew-Blais, investigadora postdoctoral del Colegio del Rey de Londres, en Inglaterra.

“Esa información podría ser valiosa para identificar a los pacientes con trastorno bipolar que podrían beneficiarse de un mayor respaldo y tratamiento”, apuntó en un comunicado de prensa del colegio.

Los investigadores revisaron 30 estudios. Aunque encontraron una asociación, en lugar de un vínculo causal, dijeron que los pacientes bipolares que sufrieron de negligencia o abuso físico, sexual o emocional en la niñez eran más propensos a tener unos síntomas maníacos, depresivos y psicóticos más graves, en comparación con los que no habían sufrido abusos.

Las personas con trastorno bipolar que fueron abusadas en la niñez también presentaban un riesgo más alto de trastornos de ansiedad y de trastornos de abuso de sustancias y del alcohol, mostró la investigación.

Los que sufrieron abusos en la niñez desarrollaron síntomas bipolares más de cuatro años antes, halló el estudio. También tenían casi cuatro veces más probabilidades de sufrir de un trastorno por estrés postraumático. Y eran casi el doble de propensos a intentar suicidarse que los que no fueron maltratados en la niñez, dijeron los investigadores.

El estudio amplía la creciente evidencia sobre los efectos duraderos de salud mental del abuso y la negligencia infantiles, dijeron los investigadores.

Uno de cada 25 adultos será diagnosticado con un trastorno bipolar en algún momento de su vida. Las personas con la afección experimentan cambios significativos en el estado de ánimo, la energía y los niveles de actividad, señalaron los investigadores.

“Estos hallazgos respaldan la idea de que el maltrato puede afectar a los procesos neurobiológicos asociados con la progresión del trastorno”, dijo Agnew-Blais.

Se necesita más investigación para determinar cómo los antecedentes de abuso o negligencia infantiles podrían afectar al tratamiento de los pacientes bipolares, comentó en el comunicado de prensa Andrea Danese, catedrático principal del Colegio del Rey de Londres.

El estudio fue publicado el 9 de febrero en la revista The Lancet Psychiatry.

 

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La depresión

A simple vista parecería fácil reconocer una depresión: tristeza, insomnio, dificultad para la concentración, deseos de no querer hacer los deberes cotidianos, ideas de suicidio. Si te presentas al médico con esta sintomatología lo más seguro es que te diagnostique una depresión

En los últimos diez años se ha demostrado que la depresión incide y cambia la anatomía de nuestro cuerpo. Una situación de estrés permanente, o incluso solo imaginada puede cambiar el volumen de nuestro cerebro y del hipocampo en más de un 10% por ciento.  Estos cambios no se dan por la edad: eso ocurre por culpa de la depresión, esta es una enfermedad muy grave que puede afectar a cualquier edad, si bien es cierto que tiende a afectar más a las mujeres pero también afecta al sexo masculino en una proporción muy considerable.

Durante muchos siglos se ha visto a la depresión bajo una lupa de romanticismo, se le ha ligado a la creatividad, la profundidad, la moral, en parte, lo hemos hecho porque no la controlamos demasiado bien, si realmente lográramos prevenir la depresión, si dispusiéramos de mejores tratamientos, probablemente nuestra manera de considerar la depresión cambiaría.

Para el Dr. Peter D Kramer, quizá el psiquiatra más conocido en los Estados Unidos, la depresión no es específica de los seres humanos y se han estudiado modelos en ratones o monos que se parecen mucho a la depresión que se da en los humanos. Parece que la depresión es en 40 por ciento genética, y el 60 por ciento restante se deriva del ambiente. En la vida del hombre hay grandes problemas que generan depresión, como los abusos sexuales en la infancia, o el abandono, o circunstancias familiares difíciles.

A simple vista, parecería fácil reconocer una depresión: tristeza, insomnio, dificultad para la concentración, deseos de no querer hacer los deberes cotidianos, ideas de suicidio. Si te presentas al médico con esta sintomatología lo más seguro es que te diagnostique una depresión.

Para un médico, decidir si su paciente está deprimido o si simplemente está pasando por una mala racha no es fácil. Tomando únicamente el testimonio del paciente, la interpretación se puede prestar a errores, y un tratamiento farmacológico o terapéutico correcto dependerá de la correcta apreciación del médico.

Las nuevas tecnologías de neuroimágenes son una ayuda nada despreciables para la psiquiatría, las últimas investigaciones demuestran que la depresión también provoca irregularidades en la anatomía del cerebro, y estas anomalías son marcadores biológicos que ayudan a los médicos en el diagnóstico. Así como una inflamación del hígado indica que el paciente tiene una hepatitis, unas alteraciones en la forma del hipocampo o de la corteza pre frontal indican que se trata de un cuadro depresivo.

El hipocampo tiene una función clave en la regulación del estrés y el estrés está íntimamente ligado a la depresión. Cuando se da una situación estresante que se prolonga en el tiempo se da una sobreproducción de unas hormonas que dañan las células cerebrales, particularmente las del hipocampo. Estas neuronas se debilitan y se aíslan, ya que pierden conectividad con otras neuronas. Un hipocampo atrofiado y desconectado no es capaz de frenar una respuesta al estrés cuando, en condiciones normales, ésta sería su función.

Cuando el cerebro sufre una depresión se vuelve más vulnerable a los factores externos. Además en un cerebro enfermo de depresión no se da el proceso normar de regeneración y reparación de las células dañadas. Lo mismo le sucede al resto del cuerpo, la recuperación de cualquier enfermedad es lenta y existe una gran posibilidad de recaída, su sistema inmunológico ha sido afectado y no contribuye a la recuperación rápida del paciente.

Los efectos de la depresión parecen ser enormes y los indicadores biológicos de la enfermedad parecen estar en todas partes, la depresión afecta gravemente el corazón y los vasos sanguíneos. Si usted tiene un infarto al miocardio, y está deprimido, la depresión se convertirá en su peor enemigo porque puede darle una severa arritmia o un nuevo infarto, los que podrían causarle la muerte.

Las investigaciones llevadas a cabo en diferentes partes del mundo confirman que las personas que sufren depresión tienen hasta seis veces más posibilidades de padecer una enfermedad cardiaca que las personas que no sufren depresión.

Las mujeres que sufren depresión sus hormonas sufren anomalías, sus huesos tienen menos calcio, en sangre se pueden detectar alteraciones en sus plaquetas. Todas estas alteraciones apuntan a un notable deterioro de la salud y la posibilidad de que se instauren dolencias permanentes. La depresión es pues una enfermedad multisistémica, es decir que afecta diferentes órganos y por lo tanto debe dársele la atención que se merece.

Es necesario que vayamos erradicando la idea de que la depresión solo es un estado de tristeza y que pronto pasará, que es una enfermedad que la sufren solo las mujeres y los hombres débiles, la depresión es una enfermedad que puede afectar a cualquier edad, a cualquier sexo, a cualquier raza con las consecuencias antes señaladas.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, en el mundo hay 340 millones de personas deprimidas. Esta enfermedad provoca ochocientos suicidios diarios. La OMS pronostica que la depresión será la segunda causa de pérdida de más años de vida saludable en el año 2020, solo superada por las enfermedades cardiovasculares.

Nuestro organismo tiene muchos caminos para llegar a desarrollar desórdenes del humor, pero parece que el más determinante es el de las hormonas del estrés. Las neuronas sucumben fácilmente a su desbastador efecto. Los medicamentos que actualmente existen consiguen evitar la producción de estas hormonas, pero también tienen consecuencias negativas: anulan la capacidad para reaccionar rápidamente ante una situación de peligro.

En el futuro se tratará de regular los efectos de las hormonas del estrés con ingeniería genética. Se está tratando de fabricar medicamentos que sólo incidan en los efectos negativos. De momento se está en la fase inicial de las investigaciones. La base de todo está en los genes que producen sustancias neuroprotectoras.

El tratamiento de la depresión probablemente debería tener una doble vía o un camino de ida y vuelta: una modificación fisiológica podría ayudar a prevenir disfunciones anímicas o cognitivas, pero aprender a ver el mundo de otro modo o mejorar el ambiente externo también podría influir en esas disfunciones fisiológicas.

No se sabe por qué unos niños tienen más capacidad que otros para resistir los traumas, incluso traumas muy fuertes o situaciones muy duras. Si descubriéramos los factores biológicos o psicológicos que establecen esas diferencias y se encontraran esos factores protectores, se encontraría la solución a muchos problemas, entre ellos, posiblemente, el de la depresión.

 

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No confunda la tristeza con la depresión

Los síntomas de un trastorno depresivo suelen confundirse con una etapa de tristeza. Conozca las causas y determine: ¿cayó en una depresión o simplemente está triste?

elespectador.com

Pérdida de interés, disminución del apetito, cansancio, llanto, desesperanza, insomnio, son algunos de los síntomas que presenta aquella persona que sufre de un trastorno depresivo. Indicios comunes hoy en día, donde según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro personas puede presentar este cuadro en algún momento de su vida.

Pero cuidado, no confunda la enfermedad con la emoción. La tristeza, por su parte, es un estado emocional natural del ser humano. Una etapa que se debe asumir, trabajar y no medicar. Algunos especialistas afirman que los colombianos hacen mal uso de los antidepresivos y los consumen sin llegar a necesitarlos.

“La sutil línea entre tengo una depresión y estoy triste, hace muy difícil que las personas comprendan en qué situación están. Hoy en día la gente dice: tengo depre. Una palabra que ha tomado un uso muy folclórico que a veces ni siquiera alude a la tristeza, sino al aburrimiento”, explica la sicóloga, Ana María Gálvez.

Por su parte el siquiatra con master en sicoanálisis, Lucio David González muestra su preocupación: “La gente tiende a confundir depresión con tristeza.  Algunas personas deben entender la diferencia entre decir estoy deprimido o estoy triste. Puede que alguien esté triste y se vaya un día de la casa porque no quiere ver a nadie, o que el niño se vuelva solitario en el colegio y empiece a sacar malas notas, pero no significa que tenga un trastorno. Para mí, hay un sobrediagnóstico depresivo que no está. Como siquiatra me he encontrado con gente que me pide que les recete algún antidepresivo en la cafetería. Otro punto importante, pues los antidepresivos deben ser recetados por un especialista, no se deben consumir porque se los recomendó un amigo o los vio en televisión”.

Héctor Chávez, sicoanalista doctorado en Buenos Aires, asegura que otra de las causas por las cuales se da esta confusión es por la desinformación: “muchas veces en los medios de comunicación, se habla arbitrariamente de conceptos como la depresión y la bipolaridad, así que la gente tiende a aplicarlos de la misma forma. Desde el sicoanálisis cuando alguien pierde algo, presenta un episodio de ‘melancolía’, como lo llamaba Freud; sin embargo, hoy en día hasta la tristeza se encasilla y se habla de otros trastornos”.

Desde su especialidad, Chávez explica que la tristeza y la melancolía son más comunes en la actualidad debido a la influencia de la sociedad, la violencia y la desigualdad en un país como Colombia. “El sistema ha vendido un ideal de felicidad, donde la persona quiere encajar. Las mujeres quieren tener el cuerpo de tal modelo y el hombre el carro de aquel actor. Además de los conflictos que se presentan en un país como el nuestro, el ser humano se enfrenta a los ideales impuestos y a sus carencias, lo que hace ineludiblemente que aumente la sensación de angustia e infelicidad”.

Entre los estudios que demuestran el aumento depresión como un trastorno mental, se encuentra el de la Organización Panamericana de la Salud, que asegura que para el 2020 la depresión será la segunda dolencia más frecuente y la primera causa de ausentismo laboral y escolar en los países desarrollados. Según Rodrigo Córdoba, presidente de la Asociación de Psiquiatría en América Latina, asegura que Colombia cuenta con tres estudios de salud mental que han arrojado como resultado que cuatro de cada diez colombianos han tenido, tienen o tendrán algún tipo de enfermedad mental.

Lo primero que debe saber para detectar una depresión, es que ésta dura como mínimo dos semanas. Días en los cuales los síntomas persisten y pueden llegar a alterar la vida laboral o estudiantil. Las causas varían de una persona a otra, sin embargo todas tienen algo en común: un duelo. Así lo explica Lucio David González: “Para entender las causas de una depresión hay que conocer su origen. Este trastorno lo primero que nos indica es que el paciente perdió algo. La depresión es entre dos: entre algo que tuve y perdí. Si el amor que se le tiene al objeto amado es muy grande, la depresión también va a serlo”.

Ya sea un objeto material: un carro o una casa; o a una persona: una muerte o un divorcio. Un duelo reprimido, por ejemplo, dará como resultado un episodio depresivo sin un aparente motivo, “a veces uno trata a pacientes que han perdido a su hijo y lo van a visitar todos los días, luego cada ocho días y los tratas a los tres años y están bien. En el caso de aquella persona que no lo acepta, que no va al cementerio, a los dos o tres años, presenta una depresión sin causas aparentes”, cuenta el especialista.

En ocasiones es difícil encontrar la raíz de un evento depresivo, sin embargo, si se indaga correctamente al paciente, siempre se encontrará la razón. Se le debe preguntar por su vida y comprender qué es lo que perdió o está perdiendo.

Hay dos tipos de depresiones: aguda y crónica. Una depresión aguda es aquella que dura poco tiempo y la crónica que puede llegar a durar años. Además de ello, se pueden distinguir tres estados del trastorno según González: “Cuando se habla de una depresión leve las personas no se aíslan tanto, van al trabajo pero se les ve muy tristes, cansados. Las depresiones moderadas son un poco más complicadas, sin embargo, el paciente generalmente accede a recibir terapia. Si es de carácter grave, el trastorno puede generar peligros a nivel laboral o a nivel social. Estos son casos de sumo cuidado pues se puede presentar una inclinación suicida”.

Existen diferentes curas para tratar una depresión: la farmacoterapia y la sicoterapia. La primera, como su nombre lo indica, es cuando el paciente empieza a recibir un tratamiento con antidepresivos que actúan a nivel químico en su cerebro. Generalmente este tipo de medicamentos tardan un mes en mostrar resultados. “Respecto a los antidepresivos hay muchos mitos, entre ellos que pueden causar adicción y que tienen efectos adversos. Todo eso depende del paciente y de lo que se le suministre. En general todos tienen efectos adversos. Pueden producir gastritis, dolor de cabeza, náuseas, mareos, temblor en las manos. Los más raros pueden producir alteraciones en la sangre, hígado, corazón. De 100 personas solo un 5% tiene estos efectos. La mayoría no los presenta”, explica el siquiatra.

La otra opción radica en recibir sicoterapia de la mano de un experto. A nivel terapéutico hay dos formas de afrontar un duelo. La primera, la más difícil y a su vez, más efectiva, consiste en despedirse poco a poco del objeto perdido: “no se trata de olvidarlo o mandar a una persona a Europa, se trata de que el paciente poco a poco elabore la perdida, que hable del objeto. Parecido a un velorio, donde se empieza a reconocer su ausencia”, aclara González. También se puede realizar a través de un trabajo a nivel lingüístico, donde la persona se da ánimo y dice: soy capaz, soy inteligente, tengo que salir adelante.

Tratar a una persona que se encuentra deprimida, no es fácil. En el caso de que no quiera recibir ningún tipo de ayuda psicológica, es ideal que acuda a los terapeutas naturales: sus amigos. “Al deprimido no hay que decirle nada, ni recordarle que en el mundo hay más gente que sufre. Solamente hay que acompañarlo y escucharlo”, recomienda la sicóloga Ana María Gálvez.

La tristeza es un mecanismo de defensa de la especie humana para ‘recargar baterías’ después de un momento difícil en la vida. “Cuando uno pierde algo, se siente abatido y sin fuerzas, es normal. Antes de recurrir a los fármacos o de creer que el problema es más grande de lo que parece, hay que masticar muy bien el proceso y eso implica un poco de trabajo”, puntualiza González.

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La depresión altera el «reloj corporal» incluso a nivel celular

El “reloj corporal”, o ciclo circadiano, que regula el funcionamiento de cada célula podría estar trastornado en las personas con depresión incluso en el nivel de la actividad genética en las células del cerebro, según un artículo que publica Proceedings of the National Academy of Sciences.

Cada célula en el cuerpo opera en un ciclo de 24 horas sincronizado con los períodos de noche y día, luz y oscuridad. El cerebro funciona como cronómetro que mantiene ese reloj celular sincronizado con el mundo exterior para que regule el apetito, el sueño, los estados de ánimo y otros muchos aspectos del funcionamiento corporal.

El estudio de un equipo de científicos de las universidades de California, Michigan y Stanford, y del Colegio Médico Weill Cornell y el Instituto Hudson Alpha para Biotecnología, resultó en las primeras pruebas directas de la alteración de los ritmos circadianos en el cerebro de personas con depresión, que señalan que ellas no están sincronizadas con el ciclo diario habitual.

El descubrimiento provino del análisis de enormes cantidades de datos recolectados de cerebros donados de personas deprimidas y no deprimidas.

El artículo señala que con más investigación estas conclusiones podrían llevar a diagnósticos y tratamientos más precisos para una condición que afecta a más de 350 millones de personas en todo el mundo.

En un cerebro normal el patrón de actividad genética en diferentes momentos del día es tan típico que los autores pudieron usar para calcular, con precisión, la hora de la muerte del donante de cerebro, lo cual indica que la determinación de “la hora en que se paró el reloj” quizá sea útil en la medicina forense.

Pero en los pacientes deprimidos el reloj circadiano estaba tan alterado que el patrón de actividad genética del “día” luce como el patrón de “noche”, y viceversa.

El equipo usa material de cerebros donados obtenidos poco después de la muerte junto con una amplia información clínica sobre el individuo.

En el estudio se disecciona cada parte del cerebro a mano o incluso con láser que pueden capturar tipos de células mas especializados, y luego las analiza para medir la actividad genética,

De esta manera el equipo pudo determinar con gran precisión la hora del día en que murió cada persona no deprimida, tras la observación de 12.000 transcripciones genéticas aisladas de seis regiones en los cerebros de 55 personas que no sufrían depresión.

Esto proporcionó una comprensión detallada de cómo la actividad de genes varía durante el día en las regiones del cerebro estudiadas. Pero cuando el equipo intentó hacer lo mismo con los cerebros de 34 personas deprimidas la actividad de genes estuvo errada por horas. Las células parecían estar en una hora del día totalmente distinta.

“Cientos de genes nuevos que son muy sensibles a los ritmos circadianos emergieron de esta investigación, y no solo los genes primarios del reloj que se han estudiado en animales o en cultivos de células”, dijo Huda Akil, co-directora del Instituto de Neurociencia Molecular y de Conducta de la Universidad de Michigan.

“Pudimos observar realmente el ritmo diario en una sinfonía de actividad biológica, estudiando dónde el reloj se había detenido en el momento de la muerte”, añadió. “Y en las personas deprimidas pudimos ver cómo este ciclo estaba trastornado”.

El paso siguiente será usar esta información para hallar nuevas formas de predecir la depresión, afinar el tratamiento para cada paciente deprimido y hallar medicamentos nuevos.

 

 

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“Marcapasos cerebral”, alternativa para pacientes de depresión severa

  • El dispositivo se coloca en la zona profunda del cerebro con cirugía estereotáctica funcional
  • Hasta ahora esta intervención sólo se realiza en el centro médico 20 de Noviembre del Issste

unam.mx

En la zona profunda del cerebro se encuentra el “centro del placer” y del control del estado de ánimo. Es lo que está dañado en las personas con depresión severa. Para 30 a 40 por ciento de ellas, que ya han usado todos los medicamentos y terapias disponibles sin resultado efectivo, y que por lo mismo tienen un elevado riesgo de suicidio, existe una alternativa en la neurocirugía: un “marcapasos cerebral”.

Mediante la cirugía estereotáctica funcional, que se utiliza desde hace 10 años para mejorar los síntomas de la enfermedad de Parkinson y la epilepsia, también es posible terminar de inmediato con la tristeza y desánimo. En la misma sala de operaciones el individuo sonríe y se siente contento.

Así funciona esta técnica quirúrgica, que se realiza con el paciente despierto y que para el tratamiento de la depresión en México sólo se practica en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste).

Manuel Hernández Salazar, jefe de la división de neurociencias del nosocomio, explicó que luego de decenas de años de investigación a escala mundial se ha podido tener más información del cerebro, sus diferentes áreas y las funciones en las que están involucradas.

Hace apenas cuatro años concluyeron los experimentos con la neurocirugía para el tratamiento de la depresión resistente a medicamentos y terapias, y se introdujo como nueva opción para pacientes en condición de tal gravedad a causa de la desesperanza, que su vida corre peligro, advirtió el especialista.

En entrevista comentó que hace dos décadas se inició la investigación sobre este tratamiento quirúrgico, el cual consiste en colocar un dispositivo en la zona profunda del cerebro, en el llamado núcleo accumbens, y en el área específica donde los estudios de imagen ubican el daño.

La prótesis neurocibernética mide sólo 12 milímetros de largo. Es un marcapasos con cuatro electrodos que generan energía. Esa corriente de electricidad, señala, inhibe la zona disfuncional.

A diferencia de las terapias electroconvulsivas, que consisten en aplicar una descarga de corriente eléctrica a todo el órgano, el dispositivo funciona en un área específica del cerebro y con el voltaje estrictamente necesario para lograr el efecto deseado: que el paciente sonría y deje de sentirse triste, puntualizó Hernández Salazar.

Al colocarlo, los médicos hacen pruebas para comprobar que el aparato funciona. La sensación de bienestar que reporta el enfermo se corrobora mediante estudios electroencefalográficos en ese momento.

Enseguida el paciente se duerme y los cirujanos conectan el dispositivo a una fuente de energía (pila), que a su vez se coloca en la zona debajo de la clavícula, de la misma manera en que se hace con los marcapasos para cardiópatas.

Todo ha evolucionado, subrayó Hernández. Antes las baterías duraban cuatro a cinco años, ahora son recargables, tienen una vida útil hasta de 10 años y salvan la vida de las personas.

El procedimiento se empezó a realizar en el centro médico 20 de Noviembre en 2010 y desde entonces han sido intervenidos 16 pacientes de entre 19 y 74 años de edad. Todos tenían depresión severa y eran resistentes a los medicamentos y terapias sicológicas disponibles.

En todos hay mejoría de los síntomas y la recuperación de sus vidas. Vuelven a ser funcionales y, de acuerdo con el criterio de los siquiatras que les dan seguimiento, mantienen algún tratamiento farmacológico y eventualmente pueden dejar de tomarlo, señaló el médico.

El protocolo del hospital indica que los candidatos deben cumplir varios requisitos, entre ellos tener dos años de haber sido diagnosticados con depresión por dos médicos siquiatras, que hayan pasado por cuatro terapias farmacológicas, incluso las más innovadoras, así como haber estado en terapias sicológicas. Después de esto ya no hay nada que ofrecerles más que la cirugía estereotáctica funcional.

Por ahora, puntualizó el experto, porque las investigaciones continúan para localizar con mayor precisión el circuito neuronal afectado, para “apagarlo” y de esa forma curar en definitiva la depresión.

Algo parecido es lo que ya se realiza en personas con anorexia en otra área del sistema nervioso central. Los alcances de la neurocirugía son muy grandes y hasta hace 10 años eran inimaginables, señaló.

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Depresión grave orilla al suicido, afirma experto

Junto con abuso de sustancias y la esquizofrenia representan las causas de 85 casos en Tamaulipas en lo que va del año.

Ciudad Victoria, Tamps. La depresión, el uso y abuso de sustancias y la esquizofrenia, son las principales causas de los 85 suicidios que ha registrado Tamaulipas en lo que va del año, informó la Secretaría de Salud.

El jefe del Departamento de Salud Mental de la Secretaría de Salud, Héctor Ortega Juárez, dijo que los suicidios reportan una baja importante respecto a los casos registrados en el 2011, en el que hubo 127 casos de personas que se quitaron la vida.

Indicó que el suicidio no es una enfermedad por sí misma y consideró que la causa más frecuente que orilla a la gente a tomar esa trágica decisión es la depresión grave.

No obstante, dijo que en Tamaulipas también se suicidas personas en uso y abuso de sustancias y en fase psicótica o esquizofrénicas.

“El suicidio es la actuación como consecuencia de un trastorno mental y el origen es diverso, aunque el más frecuente es la depresión, pero también está la esquizofrenia como un factor importante de estadística significativa”, precisó el funcionario.

Ortega Juárez reveló que el suicidio es más frecuente en el sexo masculino, segmento poblacional que lo logra más frecuentemente, aunque remarcó que la mujer lo intenta más veces.

“Lo actúa o lo intenta más la mujer y lo logra más el hombre. Lo actúa más la mujer, con mayor frecuencia, pero tiene más casos fallidos. La prevalencia es en el sexo masculino”.

Contrario a lo que se cree, aseguró que no es el mes de diciembre en el que predominan o aumentan los casos de personas que deciden acabar con su vida mediante el suicidio.

Refirió que se tienen reconocidos los cambios estacionales de cierto tipo de trastornos afectivos.

Citó que el trastorno bipolar es un tipo de trastorno afectivo mayor y las crisis de hiperactividad de la enfermedad se presentan en el otoño y al inicio de la primavera.

“No es un factor que llame la atención en diciembre o que nos lleve a tomar medidas especificas, porque los cambios estadísticos no son significativos”, concluyó.

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La depresión es la principal causa de discapacidad en todo el mundo

Líderes mundiales, responsables políticos, profesionales y académicos instan a los países de todo el mundo a hacer un mayor esfuerzo para ayudar a los 350 millones de personas que sufren depresión

diariovasco.com

En la actualidad, la depresión es la principal causa de discapacidad en todo el mundo. En Europa, representa más del 7% de la mortalidad prematura y supone unos costes anuales para los gobiernos europeos de más de 92.000 millones de euros.

Actualmente, 350 millones de personas padacen este trastorno y se estima que más de una cuarta parte de los ciudadanos en edad laboral han padecido alguna enfermedad mental, incluida la depresión, lo que pone una enorme presión sobre la productividad económica y el bienestar de la sociedad.

Los costes personales y sociales también son significativos e incluyen mayores costes de atención sanitaria para las personas y las empresas, mayor carga para los cuidadores familiares y graves complicaciones para los propios pacientes.

Por este motivo, líderes mundiales, responsables políticos, profesionales y académicos se han reunido en Londres en lo que se ha llamado Cumbre sobre la Crisis Mundial de la Depresión, organizada por The Economist Events.

Entre los asistentes, Kofi Annan, anterior Secretario General de la ONU; Nick Hækkerup, Ministro de Sanidad de Dinamarca, y Beatrice Lorenzin, Ministra de Sanidad de Italia, que han señalado la necesidad de que los sistemas sanitarios, empresas y opinión pública aúnen esfuerzos para luchar contra esta enfermedad.

Los expertos

Tenemos el conocimiento para hacer frente a la depresión, ahora tenemos que encontrar la voluntad y los recursos para utilizar este conocimiento para transformar las vidas de cientos de millones de personas

Inglaterra es un líder mundial en la mejora del acceso a terapias de conversación y tenemos un innovador plan para transformar el cuidado de la salud mental

Todo el mundo conoce a alguien que padece depresión y, sin embargo, la depresión sigue representando un estigma y un tabú, y en muchas partes todavía hay reticencias incluso a considerarla una enfermedad

Kofi Annan ha dicho que «la depresión tiene muchos impactos y dimensiones. Tenemos que construir las alianzas más amplias posibles y utilizar los recursos eficaces para superar estos desafíos. No subestimo la magnitud del reto, pero he visto cómo el progreso es posible en la mayoría de las circunstancias. Tenemos el conocimiento para hacer frente a la depresión, ahora tenemos que encontrar la voluntad y los recursos para utilizar este conocimiento para transformar las vidas de cientos de millones de personas».

Con esperanza ha hablado también el Profesor David Haslam, Director del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Asistencial, quien sin embargo ha reconocido que «queda mucho por hacer. Es el momento de contemplar un futuro que mejore la calidad de vida de los pacientes que sufren depresión y minimice el impacto económico de esta enfermedad».

«La depresión puede ser una enfermedad devastadora y estoy decidido a asegurar que cualquier persona afectada reciba el apoyo que necesita. Estamos progresando. Inglaterra es un líder mundial en la mejora del acceso a terapias de conversación y tenemos un innovador plan para transformar el cuidado de la salud mental», ha explicado.

Hora de cambiar

Alastair Campbell, comunicador, escritor y estratega, y embajador de la campaña ‘Time to Change’ (Hora de cambiar), ha hablado públicamente de su propia experiencia con la depresión y ha señalado que «todo el mundo conoce a alguien que padece depresión y, sin embargo, la depresión sigue representando un estigma y un tabú, y en muchas partes todavía hay reticencias incluso a considerarla una enfermedad. Es una de las peores enfermedades que existen y los gobiernos deben dar a la salud mental la misma prioridad que dan a la salud física. Dado que afecta a la población trabajadora, colaborar en la resolución de este asunto es en interés del gobierno y de las empresas».

Por su parte, Francesca Colombo, Directora de la División de Salud de la OCDE, ha señalado que «las enfermedades mentales, como la depresión, cuestan a los países miembros hasta un 4% del PIB, que pueden doblar o triplicar la probabilidad de desempleo, incrementar las tasas de abandono escolar e impedir el tratamiento de problemas de salud física. Es necesario tomar medidas para implementar tratamientos e intervenciones eficaces».

«A pesar de la importancia del reconocimiento de la depresión por parte de tantos sectores interesados, los debates actuales muestran lo mucho que aún queda por hacer. Es imperativo que las partes interesadas trabajen conjuntamente para elevar la importancia de la gestión y el tratamiento de la depresión como un grave problema de salud pública y para asegurar el compromiso de todas ellas con el fin de garantizar la mejora de los resultados globales», ha finalizado.

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Dormir con la televisión encendida puede causar depresión

Dormir con la luz o la televisión encendidas aumenta el riesgo de depresión, según revela un estudio de la Universidad Estatal de Ohio (EE UU) presentado en el último encuentro anual de la Sociedad Americana de Neurociencia en San Diego.

En sus experimentos, el investigador Rand Nelson y sus colegas trabajaron con 16 hamsters, de los cuales la mitad durmió en absoluta oscuridad mientras los demás eran expuestos cada noche a un nivel de luz equivalente al que produce el brillo de un televisor encendido en una habitación a oscuras (5 lux). Ocho semanas más tarde, los animales que nunca dormían a oscuras habían visto modificado su estado de ánimo, desarrollando depresión. Cuando los investigadores examinaron sus cerebros comprobaron que en la zona del hipocampo observaron que tenían una menor densidad de vellosidades (espinas dendríticas) en las neuronas que quienes dormían sin luz, lo que implica que la comunicación entre sus células nerviosas se habría visto reducida. Según Nelson, los resultados sugieren que el nivel de luz óptimo que necesita el cerebro de los mamíferos para descansar es sorprendentemente bajo.

Los investigadores asocian los efectos de la exposición a la luz a una hormona llamada melatonina, que se produce cuando el cuerpo detecta la oscuridad. Entre otras cosas, la melatonina regula el ritmo circadiano, nos ayuda a conciliar el sueño y actúa como antioxidante. Si hay demasiada luz ambiental, el cuerpo podría producir cantidades de melatonina inadecuadas.

 

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