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Relación entre obesidad y diabetes
La incidencia de la obesidad en la diabetes tipo 2 varía, pero puede llegar a ser tanto como el 90 por ciento. Sin embargo, no todas las personas con diabetes tipo 2 son obesas y no todos los individuos obesos desarrollan la diabetes tipo 2. ¿A qué se deben estas “excepciones”?
Por Norma Devarie Díaz, MD
A pesar de la estrecha relación que existe entre obesidad y diabetes, y de los incesantes llamados a disminuir el número de personas obesas en la población general, hasta el presente no hemos podido conseguir que las personas sean consistentes en los cambios en estilo de vida que los ayuden a perder peso y a disminuir la incidencia de diabetes tipo 2.
La incidencia de la obesidad en la diabetes tipo 2 varía, pero puede llegar a ser tanto como el 90 por ciento. Sin embargo, no todas las personas con diabetes tipo 2 son obesas y no todos los individuos obesos desarrollan la diabetes tipo 2. ¿A qué se deben estas “excepciones”?
Tanto la diabetes tipo 2 como la obesidad son consideradas como desórdenes heterogéneos, debidos a muchos factores. En la diabetes de tipo 2, las células del cuerpo no usan la insulina adecuadamente. Al principio, el cuerpo reacciona produciendo más insulina. Sin embargo, con el tiempo el cuerpo ya no puede producir suficiente insulina para controlar las concentraciones de glucosa en la sangre.
Si definimos la obesidad como un índice de masa corporal (BMI) mayor de 30 en hombres y en mujeres, hay estudios que indican que la incidencia de diabetes es 3.8 veces más alta en los pacientes con sobrepeso. En numerosos países se ha demostrado el aumento en el riesgo de presentar diabetes con el aumento de peso, sobre todo cuando el aumento de peso ha sido de larga duración y se ha presentado después de los 18 años. Se ha observado, también, que una distribución central de la grasa corporal es un factor de riesgo para diabetes tipo 2, independientemente del grado de obesidad.
La obesidad no sólo aumenta el riesgo de desarrollar diabetes, sino que complica su manejo. La presencia de obesidad exacerba las anormalidades metabólicas de la diabetes tipo 2, incluyendo la hiperglicemia, la hiperinsulinemia y la dislipidemia. Aumenta la resistencia a la insulina y la intolerancia a la glucosa. La obesidad puede contribuir a una excesiva morbilidad y mortalidad en los diabéticos.
Los diabéticos presentan una triada lipídica que consiste en colesterol bueno o HDL bajo, colesterol malo o LDL alto y triglicéridos altos. La obesidad es un factor de riesgo para la hipertensión arterial y la enfermedad cardiovascular; la coexistencia de obesidad y diabetes tipo 2 aumenta el riesgo de presentar estos desórdenes asociados. La diabetes es una de las causas principales de muerte prematura, enfermedad de las arterias coronarias, derrame cerebral, insuficiencia renal y ceguera.
La mayoría de las personas que sufren diabetes de tipo 2 tienen sobrepeso. La mortalidad de individuos con diabetes cuyo peso está en 20 a 30 por ciento por encima del ideal, es de 2.5 a 3.3 veces mayor que en aquellos que tienen peso normal. Para aquellos con más del 40 por ciento sobre lo ideal, el aumento en la mortalidad es de 5.2 a 7.9 veces mayor.
Los beneficios de la pérdida de peso en el control de la diabetes tipo 2 se han reconocido desde hace muchos años. Incluso una dieta estricta mejora el nivel de glicemia, antes de que se haya producido pérdida de peso. En más largo plazo una pérdida de peso sostenida mejora el control de la diabetes, lo que se comprueba con los niveles de hemoglobina glicosilada.
Varios estudios han documentado la mejoría en el control metabólico, aun con moderadas pérdidas de peso. Sin embargo, no todos los pacientes muestran una mejoría en el control metabólico con la pérdida de peso. Estos pacientes pueden estar en un estado avanzado de deficiencia de insulina. La pérdida de peso mejora la resistencia a la insulina que es característica tanto de la obesidad como de la diabetes tipo2. Los mecanismos precisos de esta mejoría no han sido todavía definidos. La pérdida de peso disminuye los niveles de insulina en ayunas.
Sobre la secreción de insulina los resultados varían. La pérdida de peso no sólo mejora el control de la glicemia, sino también mejora los desórdenes coexistentes, como la dislipidemia y la hipertensión. La coexistencia de hipertensión acelera la progresión de las complicaciones micro y macro vasculares en la diabetes. La asociación de las dos entidades multiplica los riesgos.
Numerosos estudios han documentado el hecho de que la pérdida de peso mejora tanto la presión diastólica como la presión sistólica. Como puede ver cambios permanentes en los estilos de vida, como comer saludable y hacer ejercicio moderado por lo menos 150 minutos a la semana, que le permitan perder aunque sea un poco de peso puede ser suficiente para evitar que desarrolle la diabetes tipo 2 y con ello evitar tener un infarto o derrame cerebral.
La autora es cardióloga y presidenta del ComitéOrganizador Cardi Day 2011.
elnuevodia.com
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