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Desde
que la esclerosis múltiple se describió por
primera vez en el año 1868, los científicos
han tratado de desentrañar la compleja maraña
de factores genéticos y ambientales que causan este
trastorno neurodegenerativo. Esta semana, un consorcio internacional
ha logrado descubrir dos genes que podrían explicar
la susceptibilidad a esta enfermedad.
El
descubrimiento, que publican simultáneamente dos de
las principales revistas científicas del mundo, 'The
New England Journal of Medicine' (NEJM) y 'Nature Genetics',
supone el primer avance genético en más de 30
años para conocer las raíces de la esclerosis,
la enfermedad del sistema nervioso central más frecuente
en adultos jóvenes. El descubrimiento, confirmado en
varios grupos de población diferentes, ha sido posible
gracias a la colaboración de varias universidades estadounidenses
y europeas y ha contado con la colaboración de la Sociedad
Nacional de Esclerosis Múltiple de EEUU.
La
esclerosis múltiple es un trastorno autoinmune que
se caracteriza por un progresivo deterioro neurológico,
debilidad muscular, problemas de equilibrio y de coordinación...
Por causas no muy bien conocidas todavía, el propio
sistema inmunológico del individuo ataca a la sustancia
que recubre las fibras nerviosas (mielina), lo que entorpece
la capacidad de los nervios para transmitir las órdenes
procedentes del cerebro.
En
1970, los investigadores descubrieron que la enfermedad tenía
relación con una determinada región del genoma
situada en el cromosoma 6. Se trata de los antígenos
leucocitarios humanos (del inglés, HLA), una especie
de 'etiquetado' en la superficie de las células que
sirve para diferenciar el material genético propio
del extraño. Sin embargo, aunque este hallazgo permitió
comprender mejor la raíz genética de la esclerosis,
sólo explica una parte de su componente hereditario
y existían fuertes sospechas de que otros elementos
del ADN podrían interactuar para dar origen a la aparición
de la enfermedad.
Descubrimientos
paralelos
Para
llegar a las conclusiones que se acaban de conocer ha hecho
falta estudiar el código genético de más
de 20.000 pacientes e individuos sanos de EEUU y Europa en
varias investigaciones independientes entre sí. Los
científicos rastrearon este material en busca de pequeñas
alteraciones del ADN denominadas SNP, polimorfismos de un
solo nucleótido, la variación genética
más frecuente entre individuos.
Los
estudios detectaron relación entre la esclerosis y
dos genes que codifican receptores de interleuquina, unas
proteínas que ejercen una labor de 'antena' en la superficie
de las células del sistema inmunológico. "Se
trata de los primeros genes que no son del sistema HLA y están
relacionados con la patología", asegura Pericak-Vance,
uno de los investigadores. "Esto nos ofrece nuevas pistas
para comprender la biología de la enfermedad y podría
ayudar al desarrollo de futuros tratamientos".
Los
genes alterados en las personas con esclerosis eran IL7R-alpha
y el IL2R-alpha, que regulan la acción de las células
T defensivas que 'patrullan' el organismo en busca de patógenos
extraños. Ambos ya habían sido estudiados por
su implicación en la diabetes tipo 1 y en otras enfermedades
autoinmunes. Estos polimorfismos, según los investigadores,
elevarían hasta el 20%-30% el riesgo de un individuo
de desarrollar la enfermedad; un porcentaje que, sumado a
la acción de ciertos factores externos y otros genéticos
aún desconocidos podrían suponer una enorme
carga de riesgo.
Interacción
de varios genes
Una
idea que subraya con cautela un editorial publicado en NEJM
sobre este tema. "Hay que recordar que el incremento
del riesgo al que contribuyen IL2RA e IL7RA es muy bajo, lo
que significa que deben seguir buscándose otras variantes
genéticas", asegura Leena Peltonen, de la Universidad
de Helsinki (Finlandia). "Teniendo en cuenta que los
SNP de estos dos genes se dan con frecuencia en la población
general (con una frecuencia de hasta el 70%), su presencia
por sí sola no puede ser un factor de riesgo determinante
para esta enfermedad".
De
hecho, este amplio análisis genético permitió
detectar hasta una docena de otros genes que podrían
estar relacionados de alguna manera con la esclerosis, aunque
en estos casos la relación fue mucho menos contundente
y serán necesarias nuevas investigaciones para conocer
en profundidad su función. Los autores insisten precisamente
en que la gran cuestión que despiertan estos hallazgos
genéticos tiene más que ver con la interacción
y la contribución de varias alteraciones simultáneamente
que por el papel que pueda desempeñar un único
gen por sí solo.
"Estos
descubrimientos han sido posibles gracias a la persistencia,
una estrategia de búsqueda inteligente y nuevas tecnologías
que no han estado disponibles hasta hace muy poco", se
felicitaba una de las investigadoras que ha participado en
el consorcio, Ursula Utz, especialista de los Institutos Nacionales
de Salud de EEUU. "Ilustran el poder de la colaboración",
añade por su parte Adrian Ivinson, coautor de una de
ellas, "individualmente ninguno de nosotros hubiese podido
completar una empresa de esta escala. Este consorcio internacional
ha permitido llevar a cabo la búsqueda más exhaustiva
de factores de riesgo de la esclerosis jamás publicada.
Y esto es sólo el principio".
Gracias
Dr. José Manuel Ferrer Guerra!
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